La noche del miércoles ABC estrenó la (aparentemente) muy esperada quinta temporada de Lost (Perdidos) con dos episodios, el primero más logrado que el segundo, y con la Iniciativa Dharma, Ben, Widmore, Los Otros, Ana Lucía revivida, un Jake más manso que una oveja, una Kate en la ruta, una Sun dispuesta a vengar la muerte de su esposo, la Isla dando tumbos en el tiempo, Faraday más críptico que nunca y la irrupción de una monja loca que combina el pendulo de Foucalt con un sistema operativo MS-Dos para perseguir a los Oceanic Six... Un combo un tanto indigesto que ha perdido efectividad, al menos en lo que se refiere a las audiencia.
Lejos están los tiempos de la primera temporada, cuando la audiencia arañaba los 22 millones de espectadores. La noche del miércoles 4,7 millones personas menos que el año pasado presenciaron la season premiere.
¿Nos gustó o no nos gustó la vuelta de los naúfragos? Claro que nos fascinó, pero es que, hemos adquirido la posición de la la madre de Hurley. Cuando en el segundo episodio, Hugo le narra todo lo que pasó desde la caía del avión (incluyendo el humo negro y los Otros que no eran los Otros), toma la mano de su hijo y le dice: Te creo, no te entiendo, pero te creo.
A J. Jacob Abrams y sus secuaces les creemos, aunque hace largo tiempo renunciamos a entender y aspirar que alguna ve se resueltan los misterios abiertos, pero es una posición que no todos los espectadores están dispuestos a tomar. Y no los culpamos por ello.
(Por cierto. Unos de los placeres que recuperamos con Lost fue el de la lectura y relectura de los grandes clásicos de la ciencia ficción, homenajeados, plagiados y con sus portadas retratadas en y por la serie (El Juego de Ender, La colina de Watership, La invención de Morel… entre otros). Estos primeros episodios nos ha recordado tres:
1. Matadero 5 de Kurt Vonnegut
2. La piel Fría de Albert Sánchez Piñol
3. El péndulo de Foucault de Umberto Eco
Después diremos porqué…)
Imagen | Lostpedia













